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Adoptada por la Asamblea General de la
AMM, Helsinki 2003
y reafirmada por la Asamblea General de la AMM, Seúl, Corea,
octubre 2008
- INTRODUCCIÓN
-
En el año 2000, más de 1,6 millón
de personas perdieron la vida por causa de la violencia,
lo que significa que cada día más de 4.000
personas en el mundo tuvieron una muerte violenta. Aproximadamente,
la mitad de esta cifra es por suicidio, casi un tercio
por homicidio y el resto por conflictos violentos. Estas
muertes constituyen sólo la punta del iceberg -
la información disponible tiende a venir de países
de altos ingresos con sistemas de información establecidos
y es sabido que muchas formas de violencia son más
frecuentes en contextos de bajos ingresos que no pueden
entregar información a la Organización Mundial
de la Salud. Además de los problemas potenciales
de recolección de información, una variedad
de distintas formas de violencia, maltrato y abandono
del niño, violencia en la pareja y maltrato del
anciano, por nombrar algunos, no son suficientemente informados
sistemáticamente, debido al miedo, vergüenza
o normas culturales.
-
Por cada joven muerto por homicidio, al menos 20 a 40
jóvenes son atendidos en hospitales con heridas
causadas por violencia. Una de cada cinco mujeres y 5
a 10% de hombres afirman haber sido víctimas de
abuso sexual en la niñez. Estudios internacionales
basados en la población indican que entre 10 y
69% de las mujeres afirman haber sufrido algún
tipo de agresión física por su pareja. Además
de los efectos directos del daño causado por la
violencia, hay una amplia gama de efectos de salud, incluidos
los problemas de salud mental y reproductiva, las enfermedades
de transmisión sexual y otros problemas de salud.
Los efectos de salud debidos a la violencia pueden durar
años y pueden incluir incapacidad física
o mental permanente. Desde una perspectiva social, los
costos económicos relacionados con la violencia
son importantes, sólo los costos directos de salud
se elevan al 5% del PDB en algunos países.
-
Ningún factor por sí solo produce violencia,
tanto a nivel de comunidad como individual. La violencia
surge de una interacción compleja de factores a
nivel de individuo, relación, comunidad, sociedad
y política.
-
En 1996, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó
la resolución WHA49.25 que declaró la violencia
una prioridad de salud pública mundial. Un año
después, se adoptó la resolución
WHA50.19 que ratificó un plan de acción
integrado de la OMS para un enfoque de salud pública,
basado en la ciencia, para la prevención de la
violencia e hizo un llamado a realizar más investigación
en este campo.
- PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD MÉDICA INTERNACIONAL
-
Sin tener en cuenta la diversidad de factores que producen
la violencia, existe una característica común
a todas las formas de violencia: los efectos de salud
sufridos son una preocupación directa para la comunidad
médica. Los médicos pueden ser víctimas
de la violencia en sus lugares de trabajo o en otras partes.
En algunos casos, los médicos se pueden ver involucrados
en actos de violencia o maltrato. Toman decisiones sobre
el traslado y la atención coordinada en especialidades
y sectores de salud, planifican seguimientos a largo plazo
y atención de incapacidades y en algunas circunstancias
han contribuido como profesión a la prevención
de la violencia. Ya sea como pediatra al evaluar si un
niño ha sido víctima de maltratos, médico
cirujano de emergencia al prestar atención a una
víctima de disparos, psiquiatra que trata las consecuencias
psicológicas de la violencia de pareja o cualquier
otro tipo de caso, la realidad es que más que ninguna
otra profesión la comunidad médica es protagonista
en la respuesta a los efectos de la violencia para la
salud.
-
La manera en que la comunidad médica puede ofrecer
una respuesta es variada y dependerá sobre todo
de las características y realidades contextuales.
En algunas circunstancias, las formas más estructuradas
de recolección de información son importantísimas
y los médicos pueden ser el único nexo en
esos casos que pueden ejercer presión ante los
sistemas de salud para que integren de manera adecuada
la recolección de información sistemática
relativa al daño por violencia. En otros marcos
más avanzados, los médicos clínicos
y los profesionales de salud pública pueden tener
una función importante al facilitar o realizar
estudios específicos que examinen un aspecto de
la violencia o la prevención de la violencia. La
entrega de esta información a los encargados de
elaborar políticas de manera oportuna y adecuada
puede contribuir a la creación de políticas
para disminuir la violencia que estén basadas en
evidencia.
- RECOMENDACIONES
Se insta a las asociaciones médicas nacionales a contribuir
de manera más sistemática para tratar la violencia,
incluidos:
-
Defensa - la violencia es un problema de salud mundial
y a menudo sus víctimas son las más pobres,
impotentes o las más vulnerables de la sociedad.
La profesión médica debe defender a nivel
local, nacional e internacional las estrategias eficaces
para prevenir la violencia y limitar sus consecuencias en
la salud. Además, la profesión médica
debe denunciar todo intento de mostrar o utilizar un comportamiento
violento como solución a problemas personales, sociales
o políticos.
-
Recolección de información - la profesión
médica debe cumplir una función central al
asegurar que se lleva a cabo la recolección de información,
puesto que tiene un nivel suficiente y es lo suficientemente
vasta para ser un instrumento valioso en la orientación
de políticas de salud pública. La investigación
ha demostrado que una gran parte de las víctimas
de violencia no figuran en las estadísticas de la
policía porque no son víctimas de un delito
(por ejemplo, formas de violencia familiar, intimidación,
etc.) o no han informado a la policía.
-
Formación médica - en reconocimiento
de la importante carga de morbilidad y mortalidad relaciona
con la violencia y al hecho de que la violencia y el daño
como amenaza para la salud están casi ausentes en
la formación médica, la profesión médica
debe tomar medidas a fin de asegurar la integración
del daño y la prevención de la violencia en
los currículos de las escuelas de medicina.
-
Prevención - la profesión médica
debe aprovechar la oportunidad única durante los
encuentros clínicos, cuando sea apropiado, para orientar
a los pacientes y familias con respecto a la creación
de ambientes domésticos más seguros y menos
violentos. También puede usar su discernimiento clínico
para detectar a las víctimas de violencia o a los
que corren riesgo de violencia y hacer lo necesario para
prestar una atención apropiada.
-
Coordinación de la ayuda a las víctimas
- ya sea a través de la detección de víctimas
que pueden sufrir violencia, pero no saben cómo prestarles
atención médica o de la referencia apropiada
para tratar las condiciones de salud relacionadas o la incapacidad
física, psicológica o de largo plazo asociada
al daño, los médicos pueden tener un papel
vital al aumentar la calidad y alcance de la ayuda a las
víctimas.
-
Investigación - la violencia es un problema
mundial de salud pública que no está lo suficientemente
documentado. Es necesario una mejor comprensión de
las causas y consecuencias de la violencia, junto con un
mayor entendimiento de la eficacia de las distintas estrategias
destinadas a prevenir la violencia.
-
Ejemplo social - la profesión médica
debe contribuir a la creación y al refuerzo de las
normas sociales al no participar ni tolerar distintas formas
de violencia, como la tortura, maltrato o abandono de ciertas
poblaciones como los presos y oponerse enérgicamente
a esta violencia.
-
Elaboración de políticas - muchos
países todavía no disponen de políticas
completas nacionales o locales de prevención de la
violencia ni de planes de acción. La profesión
médica debe contribuir a la elaboración de
estas políticas y en algunos casos debe tener un
papel protagonista en su formulación.
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