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Adoptada por la 43ª Asamblea Médica
Mundial Malta, Noviembre de 1991, y revisada su redacción
por
la 44ª Asamblea Médica Mundial Marbella, España,
Septiembre de 1992, y revisada por
la Asamblea General de la AMM, Pilanesberg, Sudáfrica,
octubre 2006
INTRODUCCION
- Las huelgas de hambre se producen en diversos contextos,
pero presentan principalmente dilemas en establecimientos donde
la gente está detenida (prisiones, cárceles y
centros de detención de inmigrantes). A menudo son una
forma de protesta de las personas que no tienen otras maneras
de dar a conocer sus demandas. Al rechazar los alimentos durante
un período importante, por lo general esperan lograr
ciertos objetivos con una publicidad negativa para las autoridades.
El rechazo de alimentos aparente o por un período corto
raramente plantea problemas éticos, en cambio un ayuno
real y prolongado tiene riesgo de muerte o de daños permanentes
para las personas en huelga de hambre y puede crear un conflicto
de valores para los médicos. Por lo general, estas personas
no desean morir, pero algunas pueden estar preparadas para hacerlo
con el fin de lograr sus objetivos. El médico necesita
comprobar la verdadera intención de la persona, en especial
en huelgas o situaciones colectivas en las que la presión
de los pares puede ser un factor. El dilema ético se
plantea cuando una persona en huelga de hambre, que aparentemente
ha dado instrucciones claras de no ser reanimada, alcanza un
estado de deterioro cognitivo. El principio de beneficencia
insta al médico a reanimarla, pero el respeto de la autonomía
individual le impide intervenir cuando se ha expresado un rechazo
válido y formal. Una dificultad más se agrega
en los establecimientos de custodia porque no siempre queda
claro si la persona en huelga de hambre expresó sus instrucciones
anticipadas en forma voluntaria y con la información
apropiada sobre las consecuencias. Estas normas y el documento
de información abordan dichas situaciones difíciles.
PRINCIPIOS
- Deber de actuar de manera ética. Todos los médicos
están comprometidos con la ética médica
en su contacto profesional con gente vulnerable, incluso cuando
no prescriben una terapia. Cualquiera sea su función,
el médico debe protestar si se produce coerción
o maltrato de detenidos y debe tratar de evitarlos.
- Respeto de la autonomía. El médico debe respetar
la autonomía de la persona. Esto puede incluir una evaluación
difícil, ya que los deseos reales de la persona en huelga
de hambre puede que no sean tan claros como parecen. Toda decisión
pierde fuerza moral si se toma involuntariamente bajo amenazas,
presión o coerción de los pares. No se debe obligar
a las personas en huelga de hambre a ser tratadas si lo rechazan.
La alimentación forzada contra un rechazo informado y
voluntario es injustificable. La alimentación artificial
con el consentimiento explícito o implícito de
la persona en huelga de hambre es aceptable éticamente
y puede evitar que la persona alcance un estado crítico.
- "Beneficio" y "daño". El médico
debe poner en práctica sus conocimientos y experiencia
para beneficiar a las personas que atiende. Este es el concepto
de "beneficencia" que se complementa con el de "no
maleficencia" o Primun non Nocere. Estos dos conceptos
necesitan estar equilibrados. "Beneficio" incluye
el respeto de los deseos de la persona y también promover
su bienestar. Evitar el "daño" no sólo
significa disminuir al mínimo el daño a la salud,
sino que también no forzar un tratamiento en gente competente
ni presionarlos para que terminen el ayuno. La beneficencia
no incluye prolongar la vida a cualquier costo, sin respeto
de otros valores.
- Equilibrio de doble lealtad. El médico que atiende
a las personas en huelga de hambre puede experimentar un conflicto
entre su lealtad a la autoridad que lo emplea (como la administración
de una prisión) y su lealtad al paciente. El médico
con doble lealtad está comprometido con los mismos principios
éticos que los otros médicos.
- Independencia clínica. El médico debe permanecer
objetivo en sus evaluaciones y no permitir que terceros influyan
en su opinión médica. No debe permitir que sea
presionado para intervenir por razones que no sean clínicas
o para transgredir los principios éticos.
- Confidencialidad. El deber de confidencialidad es importante
para crear confianza, pero no es absoluto. Puede ser dejado
de lado si el hecho de no hacer una revelación pone en
serio peligro a otros. Al igual que otros pacientes, la confidencialidad
de la persona en huelga de hambre debe ser respetada, a menos
que ella acepte la revelación o a menos que sea necesario
compartir información para evitar un daño serio.
Si la persona acepta, sus parientes y representante legal deben
mantenerse informados de la situación.
- Obtener la confianza. Crear confianza entre el médico
y las personas en huelga de hambre con frecuencia es clave para
lograr una resolución en la que ambos respeten los derechos
de la persona en huelga de hambre y disminuyan al mínimo
el daño. La obtención de la confianza puede crear
oportunidades para solucionar situaciones difíciles.
La confianza depende de que el médico dé un consejo
apropiado y sea franco con la persona en huelga de hambre sobre
lo que él puede o no hacer, incluso cuando no pueda garantizar
la confidencialidad.
NORMAS PARA EL TRATO DE LAS PERSONAS EN HUELGA DE HAMBRE
- El médico debe evaluar la capacidad mental de la
persona. Esto incluye controlar que el individuo que quiere
ayunar no tenga un deterioro mental que afecte seriamente su
juicio. Los individuos que tienen un deterioro grave de su capacidad
mental no pueden considerarse como personas en huelga de hambre.
Necesitan tratamiento para sus problemas mentales, en lugar
de permitirles que ayunen de manera que pongan en peligro su
salud.
- A la brevedad posible, el médico debe obtener el historial
médico preciso y detallado de la persona que desea iniciar
una huelga de hambre. Las consecuencias médicas de cualquier
condición existente deben ser explicadas a la persona.
El médico debe cersiorarse que las personas en huelga
de hambre comprenden las posibles consecuencias del ayuno para
su salud y advertirles con palabras simples las desventajas.
El médico también debe explicarles cómo
se pueden disminuir los daños para la salud o retardarlos,
por ejemplo, al aumentar el consumo de líquidos.
- Se debe realizar un examen minucioso al comienzo del ayuno.
Se debe discutir con la persona en huelga de hambre el manejo
de los síntomas futuros, incluidos los que no están
relacionados con el ayuno. Se debe tomar nota de sus valores
y deseos sobre cómo debe ser atendida en caso de una
huelga prolongada.
- Algunas veces, las personas en huelga de hambre aceptan una
transfusión intravenosa de una solución salina
u otras formas de tratamiento médico. El rechazo de aceptar
ciertas intervenciones no debe ir en prejuicio de cualquier
otro aspecto de la atención médica, como el tratamiento
de infecciones o del dolor.
- El médico debe conversar en privado con la persona
en huelga de hambre y fuera del alcance de escucha de otras
personas, incluidos otros detenidos. Una comunicación
clara es esencial y cuando sea necesario se debe disponer de
intérpretes que no estén relacionados con las
autoridades carcelarias y ellos también deben respetar
la confidencialidad.
- Los médicos deben convercerse de que el rechazo de
alimentos o tratamiento es una elección voluntaria de
la persona. Las personas en huelga de hambre deben ser protegidas
de la coerción. Con frecuencia, los médicos pueden
lograr esto y deben saber que la coerción puede venir
del grupo de pares, las autoridades u otros, como los familiares.
- Si el médico no puede aceptar por razones de conciencia
el rechazo del paciente a tratamiento o alimentación
artificial, el médico debe dejarlo claro al principio
y referir a la persona en huelga de hambre a otro médico
que pueda aceptar su rechazo.
- La comunicación continua entre el médico y las
personas en huelga de hambre es vital. El médico debe
cerciorarse a diario si las personas desean continuar con la
huelga de hambre y lo que quieren que se haga cuando ya no puedan
comunicarse con claridad. Esta información debe ser registrada
en forma apropiada.
- Cuando un médico se hace cargo del caso, la persona
en huelga de hambre puede que ya haya perdido su capacidad mental,
de modo que no hay oportunidad de discutir sobre su reanimación
o sus deseos. Se deben considerar las instrucciones anticipadas
expresadas por la persona en huelga de hambre. El rechazo anticipado
de tratamiento exige respeto si refleja el deseo voluntario
del individuo cuando está en un estado competente. En
los establecimientos de custodia, es necesario considerar la
posibilidad que las instrucciones anticipadas hayan sido entregadas
bajo presión. Cuando el médico tenga serias dudas
sobre las intenciones de la persona, todas las instrucciones
deben ser tratadas con mucha cautela. Sin embargo, si las instrucciones
anticipadas han sido entregadas con buena información
y de manera voluntaria, por lo general pueden ser dejadas de
lado si son invalidadas porque la situación en que se
tomó la decisión ha cambiado radicalmente desde
que la persona perdió su competencia.
- Si no es posible hablar con la persona y no existen instrucciones
anticipadas, el médico debe hacer lo que estime que es
mejor para su paciente. Esto significa considerar los valores
personales y culturales de la persona en huelga de hambre y
también su salud física. Si no existe ninguna
evidencia de los deseos de la persona, el médico debe
decidir si procede o no con la alimentación, sin interferencia
de terceros.
- El médico puede considerar, si se justifica, no seguir
las instrucciones que rechazan el tratamiento porque, por ejemplo,
se piensa que el rechazo fue expresado bajo presión.
Si luego de la reanimación y con sus facultades mentales
restablecidas la persona en huelga de hambre insiste en su intención
de ayunar, dicha decisión debe ser respetada. Es ético
permitir que una persona en huelga de hambre determinada muera
en dignidad, en lugar de someterla a repetidas intervenciones
contra su voluntad.
- La alimentación artificial puede ser éticamente
apropiada si una persona en huelga de hambre que está
con sus capacidades está de acuerdo con ello. También
puede ser aceptable si las personas incompetentes no han dejado
instrucciones anticipadas sin presión que la rechacen.
- La alimentación forzada nunca es éticamente
aceptable. Incluso con la intención de beneficiar, la
alimentación con amenazas, presión, fuerza o uso
de restricción física es una forma de trato inhumano
y degradante. Al igual que es inaceptable la alimentación
forzada de algunos detenidos a fin de intimidar o presionar
a otras personas en huelgas de hambre para que pongan término
a su ayuno.
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